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¿Cómo protegernos de la exposición al sol? Lo que necesitas saber…

Exponernos al sol es saludable y necesario para nuestra salud, entre otras cosas para la síntesis de la vitamina D, fundamental para fijar en los huesos el calcio que ingerimos con los alimentos. Sin embargo, todos sabemos que la sobreexposición al sol no es buena, sobre todo en determinadas horas.

El cuerpo, muy sabio, tiene sus propios métodos de protección de los rayos UVA como, por ejemplo, la melanina y el sudor (contiene un ácido que es un potente protector); sin embargo, no es suficiente y siempre buscamos cremas solares que nos ayuden a protegernos de una forma más completa.

Hoy usamos nuestro blog para explicaros los diferentes tipos de filtros solares que encontramos en las cremas y cuáles son las mejores alternativas para nuestra salud, sin olvidarnos del medio ambiente.

Comenzamos con una breve introducción para saber cómo funciona la radiación solar:

El sol emite una infinidad de radiaciones luminosas con distinta longitud de onda, desde muy cortas a muy largas, y se clasifican en rayos cósmicos, rayos gamma, rayos X, rayos ultravioleta (UV), que están formados por los UVC, los UVB y los UVA, los rayos visibles, los infrarrojos y las ondas de radio.

La parte más peligrosa de la radiación solar es filtrada por la atmósfera. Dos terceras partes de dicha radiación llegan a la Tierra, pero los rayos cósmicos, los rayos gama, los rayos X y los UVC no son compatibles con la vida por lo que jamás llegan a la superficie. La radiación que llega hasta nosotros (UVBUVA, rayos visibles e infrarrojos) tienen  influencia sobre el organismo. Los rayos infrarrojos emiten calor, son los que provocan la sensación de calor sobre la piel, al contrario de los UVB y UVA, que son fríos e invisibles, pero que ejercen una importante acción biológica.

Y ahora, ¿qué son los filtros solares? Son los principales protagonistas del protector solar. Tienen como propiedad más relevante, la de reflejar, absorber o dispersar los rayos solares, protegiendo la piel de los efectos dañinos del sol.

Según su mecanismo de acción los filtros solares se clasifican como: físicos, químicos, órgano-minerales y biológicos.

  • Filtros físicos. Estas sustancias inertes forman un escudo pantalla que protege la piel de la radiación solar ya que actúan como minúsculos espejos que reflejan los rayos solares; de esta forma, la energía del sol rebota en la superficie de la piel minimizando el daño solar. Como las sustancias minerales no provocan ningún tipo de reacción fotoquímica, estos filtros son mucho mejor tolerados por las pieles sensibles.

Además, como los filtros físicos no tienen que penetrar en la piel, basta con aplicar la crema solar al momento ya que es efectiva de forma inmediata, a diferencia de las cremas solares con filtros químicos que se recomienda aplicar antes de la exposición al sol para que penetre y haga su acción protectora.

Hay dos filtros físicos principales que están presentes en casi todos los solares naturales: el óxido de zinc y el dióxido de titanio. Estos son los responsables de que la piel quede algo blanquecina tras la aplicación del producto y  para evitar este efecto, algunas solares usan la famosa y controvertida nanotecnología. 

¿Qué son las nanopartículas? Son partículas microscópicas que, por su tamaño, cuentan con mucha facilidad para penetrar en la piel y entrar en el circuito sanguíneo. De esa manera, con un protector solar convencional, estamos dejando entrar en nuestro cuerpo los filtros químicos y los físicos en forma de nanopartículas. Desde 2014, la Unión Europea exige a los fabricantes que utilicen nanotecnología a indicarlo en los envases.

Aquí viene nuestra recomendación:  si usas filtros físicos naturales, procura que estos no incluyan nanopartículas en su fórmulas. Mejor que dejemos a las células actuar de acuerdo a sus procesos normales, sin alteraciones.

  • Filtros químicos. Son sustancias que al entrar en contacto con la radiación solar se activan y mediante reacciones fotoquímicas absorben la radiación solar y la modifican para minimizar el impacto de la radiación sobre la piel. Al captar la energía estos filtros la transforman en una longitud de onda distinta y totalmente inocua para la piel.

Los tres grandes grupos químicos que se utilizan en los protectores solares convencionales son benzofenonas, camcenos y oxicinamatos, y los tres son antiandrogénicos, es decir, modifican el comportamiento de las hormonas sexuales. Estos disruptores endocrinos pueden producir graves problemas de salud, desde la deficiencia de síntesis de vitaminas hasta enfermedades como el cáncer.

Otro aspecto negativo es que los filtros químicos se acumulan en nuestro organismo ya que este no es capaz de eliminarlos totalmente. Suelen ser muy irritantes y los causantes de las alergias, dermatitis y eccemas que nos salen en verano. Además aceleran el envejecimiento de la piel y son un agente muy  contaminante del medio ambiente marino.

  • Filtros órgano-minerales. Son filtros químicos pero insolubles, por lo que tienen así las ventajas de los químicos (cosmeticidad) y de los físicos (seguridad). Son capaces de actuar tanto por absorción como por reflexión o incluso por una combinación de ambos mecanismos . Son considerados el futuro de la fotoprotección total.
  • Filtros biológicos. Técnicamente los filtros biológicos no son filtros solares como tal, si no que son agentes antioxidantes que actúan en sinergia con los filtros de la fórmula evitando la formación de radicales libres y potenciando el sistema inmunológico de la piel. Los más utilizados son las vitaminas A, C y E. Estas dos últimas son de vital importancia ya que aportan una potente acción frente a los radicales libres ralentizando el envejecimiento cutáneo.

Algunos ejemplos son la manteca de karité, el aloe vera y los aceites de sésamo y aguacate, que evitan el envejecimiento prematuro y reparan la piel, ayudándola a recuperar su luminosidad y manteniéndola suave y elástica. El aceite de borraja, el de argán, el extracto de té verde y la vitamina E preservan de las agresiones externas y bloquean los radicales libres, además de suavizar y aportar firmeza.

Estos ingredientes son complementarios en las formulaciones de los protectores solares naturales, de forma que nos aportan su capacidad antioxidante.

*Si buscas tu protector solar natural, no olvides pasarte por nuestra sección de Protección Solar. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Los beneficios de la aromaterapia

La aromaterapia tiene como objetivo mejorar la salud y el bienestar de las personas mediante el uso de aceites naturales o esenciales que se extraen de las plantas, las flores, las hierbas o los árboles. Por ello, podemos decir que estamos ante el ayudante perfecto de la medicina moderna y renunciar a ella significaría renunciar a tratar, de forma natural, algunas dolencias físicas o enfermedades, así como a levantar el estado de ánimo o equilibrar nuestras emociones.

Muchos pensaréis que estamos ante una disciplina actual pero es más bien todo lo contrario. Si bien la aromaterapia “se ha puesto de moda” en Occidente desde hace poco tiempo, en Oriente ya se utilizaba en el año 4500 a.C . Se dice que los antiguos egipcios usaban aceites esenciales  con fines terapéuticos y para embalsamar los cadáveres. En Grecia, médicos como Galeno o Hipócrates ya aprovechaban las ventajas de las hierbas aromáticas para tratar a sus pacientes. En la Edad Media en Europa se utilizaban para combatir enfermedades, y en el Renacimiento es sabido que la reina Isabel I (de Inglaterra) apoyaba su uso.

A diferencia de las plantas utilizadas en herbolaria, los aceites esenciales no se ingieren, sino que se inhalan o se aplican en la piel. A continuación, te contamos las diferentes formas de uso de los aceites que propone la aromaterapia:

  • Mediante inhalación: es el método básico, puede ser directa o no (mezclando con agua, por ejemplo). También pueden emplearse difusores o vapor. Se usa para problemas en el aparato respiratorio o algunas condiciones en la piel.
  • Por masaje: se diluyen en alguna loción o agua y se realiza el masaje de forma enérgica o suave, según la dolencia. Resulta ideal para tratar contracturas.
  • Como baños aromáticos: se llena la tina de agua caliente y se echan algunas gotas de aceites. Luego se alterna con agua tibia. Para la circulación y la relajación.
  • Como cataplasmas (calientes o frías): para afecciones concretas en la piel o problemas musculares.

¿Cuáles son los aceites que más nos pueden ayudar en nuestra salud? Esta es una pequeña lista, hay muchos más.

  •  El aceite de almendras será uno de nuestros grandes aliados si lo que pretendemos es reducir el dolor. Cuando nuestro sistema nervioso percibe el olor de este fruto, comienza a segregar serotonina y es cuestión de tiempo que empecemos a sentir alivio.Además es ideal para hidratar las pieles secas y sensibles.
  • El aceite esencial de geranio nos ayudarán a reducir sobre todo los dolores menstruales. A su vez, esta flor nos ayudará a reducir la ansiedad, la depresión y la angustia. 
  • El aroma del jazmín es capaz de reducir el estrés y las dificultades para dormir. También se usa mucho para reducir los niveles de ansiedad y mejorar el estado de ánimo.
  • La esencia de lavanda es muy eficaz para reducir los niveles de ansiedad, el dolor de cabeza y los problemas musculares asociados con el estrés. Además, gracias a las propiedades curativas de esta planta, conseguiremos con su aceite calmar la piel más irritada y reducir las cicatrices.
  • El delicado y suave olor de las rosas, nos ayudará no sólo a conciliar el sueño, sino además, a combatir el cansancio en nuestro día a día y aliviar la depresión.
  • El aceite de jengibre ayuda a mejorar la circulación, prevenir los mareos y calmar algunos síntomas de la gripe y el resfriado.
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Piel con acné, ¿qué hago?

Hoy os hablamos de un problema que la mayoría de los presentes hemos sufrido en alguna etapa de nuestra vida y que, junto a la posibilidad de  producir molestias, ocasiona una evidente repercusión a la imagen física de las personas que la padecen. Hablamos del molesto acné.

El acné es una enfermedad que afecta a los folículos pilo-sebáceos, comúnmente llamados poros, en los que se produce una alteración de su funcionamiento. Aunque hablamos de un problema que suele observarse frecuentemente en adolescentes e individuos jóvenes, en ocasiones, también puede presentarse en recién nacidos y adultos.

¿En qué consiste? Los poros están conectados a través de unos tubos llamados folículos con las glándulas sebáceas que se encuentran bajo la piel y que producen una sustancia grasienta llamada sebo. Cuando el sebo sube por los folículos hacia los poros, arrastra consigo las células muertas para que sean expulsadas hacia el exterior. Cuando un folículo se tapona, las bacterias que hay en el sebo o las células muertas crean una infección, y entonces se forma el temido grano. Dependiendo del tamaño, la infección y la profundidad a las que se formen, puede quedarse en una espinilla de punto blanco o negro, que se encuentran en la superficie o justo bajo la superficie de la piel, o convertirse en un nódulo o quiste, que se encuentran dentro de la piel y que, en ocasiones, pueden requerir algún tipo de intervención quirúrgica.

Y, ¿cuáles son las causas?

  • Las causas primarias del acné son biológicas. Si se heredan los genes del acné, como en el 90% de los desafortunados casos, nada puede hacer que desaparezcan dichos genes. También la tendencia a desarrollar cicatrices es hereditaria. Ciertas personas desarrollan cicatrices visibles incluso con lesiones pequeñas, a pesar de los cuidados adecuados.
  • Con la alimentación, sí podemos hacer algo.  Aconsejamos la limitación de productos lácteos ya que, aunque los médicos no saben exactamente por qué,  las hipótesis actuales indican que una de las causas del acné podrían ser las hormonas presentes en la leche. También debemos reducir el consumo los alimentos con alto índice glucémico (los que causan un pico de insulina) ya que se ha observado que pueden empeorar el acné. Por último, os recomendamos la reducción de las grasas saturadas en vuestra dieta, no por el falso mito que dice que la grasa alimentaria se traduce en más grasa en tus poros, sino porque las grasas saturadas pueden estimular las microinflamaciones en todos los órganos del cuerpo, incluida la piel, algo que afecta al acné y sus cicatrices.
  • Las hormonas son las responsables de muchos procesos vitales para nuestro cuerpo, entre ellos, regulan la actividad de las glándulas sebáceas, la producción de sebo y la respuesta inmune a las bacterias que causan el acné. Por este motivo, etapas como la adolescencia y el embarazo están relacionadas con más probabilidades de padecer acné, y los anticonceptivos hormonales se utilizan a veces como tratamiento antiacné.  Un apunte más en este punto, hay que prestar atención, especialmente las mujeres, a las hormonas que se consumen.
  • Un aumento de los niveles de estrés puede favorecer la aparición de acné y/o el agravamiento del ya existente.
  • El acné, y en especial el acné inflamatorio, está relacionado con la presencia de una bacteria, llamada Propionibacterium acnes (P. acnes) que habita dentro de los poros y folículos de la piel y genera moléculas que desencadenan la respuesta inmunológica que tiene como resultado las rojeces e hinchazones típicas del acné. Por este motivo, a veces se prescriben antibióticos como parte del tratamiento contra el acné. Sin embargo, muchas variedades de P. acnes han desarrollado resistencia a los antibióticos de uso habitual, lo cual dificulta su tratamiento.

Y una vez que ya sabemos cuales son las causas principales por las que se desarrolla el acné, ¿que debo hacer cuando ya me ha salido el molesto grano? Para empezar, ¡no te toques! Sabemos que es difícil resistir la tentación de explotarse una espinilla, pero intenta hacerlo. La piel se curará más rápido si dejas que lo haga sola que si la tocas y abres los granos por tu cuenta.

Por otro lado, si el acné te supone un problema severo, acude a un dermatólogo para que te recomiende un tratamiento tópico u oral. Si hablamos de brotes esporádicos, podemos ayudarte con algunos consejos:

  • Lávate la cara con agua tibia un par de veces al día, y especialmente después de sudar. Hazlo con delicadeza: utiliza jabones suaves y evita utilizar toallitas o esponjas, es mejor usar las yemas de tus dedos. Ten cuidado también al secarte: no te frotes con la toalla, mejor date toques suaves y presiona con cuidado.
  • Mantén la piel bien hidratada con productos no comedogénicos.
  • Usa la menor cantidad posible de maquillaje y solamente productos que no obstruyan los poros puede ayudar a prevenir los brotes de acné.
  • Nunca te acuestes sin haberte desmaquillado bien, especialmente si te has puesto un cosmético demasiado graso.
  • Evita la exposición directa al sol ya que tiene rayos UVA que son muy agresivos con la piel, algo que se añade a la agresión que ya supone el acné.

TRATAMIENTO RECOMENDADO

Existen varios aceites no comedogénicos que pueden ser usados como vehículo para que los aceites esenciales anti acné como el árbol del té o la menta penetren en la piel limpiándola. También puedes usar tu crema hidratante como vehículo de estos aceites esenciales.

¿Por qué aceite esencial de menta?

Se usa muy a menudo para calmar el dolor. Su composición da una acción anestésica local por sensación de frío”.  Además, el mentol tiene una acción bactericida y destructiva a nivel de ADN de microorganismos. Perturbará y alterará la estructura de la bacteria que conduce a su destrucción.

Por otra parte, es antiinflamatorio y suprimirá la producción de mediadores implicados en el proceso de la inflamación.

¿Por qué aceite esencial de árbol de té

Su composición en Terpinèn-4-OL le da una acción bactericida específica sobre acnés Propionibacterium. Además, este ingrediente activo tiene una actividad inmunoestimulante, por lo que estimulará la actividad de los glóbulos blancos que aumentarán la producción de inmunoglobulinas de tipo anticuerpo lo que fortalecerá la defensa celular del organismo.

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¿Cuánto es la vida útil de la cosmética natural?

Si hablamos de cosmética convencional, estamos acostumbrados a que nuestros productos duren y puedan utilizarse durante años pero, ¿sabes que todos los productos cosméticos pierden su eficacia con el paso del tiempo? Incluso estando repletos de conservantes químicos, los principios activos se difuminan, bien por su baja proporción o porque la misma base acuosa de las cremas hace que el producto se deteriore al entrar en contacto con el oxígeno del aire. Además, también debemos tener en cuenta que las bacterias puedan colonizar el producto sin darnos cuenta.

¿Varía mucho esto con la cosmética ecológica? Sí y no. Como ya supondréis, los conservantes químicos (con alguna excepciones) no están permitidos en la cosmética ecológica y, por tanto, los plazos en cuanto a su caducidad son menores que los de la cosmética convencional pero, a efectos de mantenimiento, tanto la cosmética ecológica como la convencional, requieren formas de conservación recomendadas para ampliar la duración del producto.

Hoy queremos contaros cómo podemos saber o calcular la duración de los productos ecológicos y, sobre todo, cómo conservarlos de forma correcta.

Los cosméticos naturales y bio no siguen una pauta única en cuanto a fechas de caducidad, depende de los conservantes o no que usa cada marca. Por lo general, si un fabricante no indica fecha de caducidad, es que el producto se mantiene en perfectas condiciones hasta un máximo de 2-3 años siempre que no se abra y se conserve de la forma adecuada. Una vez abierto, no suelen durar más de 6 meses, máximo 1 año.

¿Y qué conservantes están permitidos en la cosmética natural?  Las empresas de cosmética eco añaden a las fórmulas de sus productos un alto porcentaje de vitamina E o tocopherol de origen natural, como puede ser con aceite de sésamo o de espino amarillo, o como máximo algún conservante sem-químico o químico autorizado por los sellos de certificación ecológica: sodium benzoate, potassium sorbate, calcium salicylate, benzyl alcohol, etc. De esta forma el fabricante usará uno de ellos o combinará varios y, de ahí, resultará la caducidad y la duración del producto. 

Y ahora, ¿qué precauciones debemos tomar para conservar nuestros cosméticos?

  • Evitar almacenarlos en lugares con cambios bruscos de temperatura y sobre todo, con exceso de calor y de humedad. Especialmente para los productos faciales, el baño debería ser el último lugar donde los guardes una vez abiertos, excepto que dispongas de un armarito que aísle de forma eficaz la temperatura, o que tu bañera o ducha estén situadas en otro cuarto. ¿Sorprendido? En cuanto a los geles y los champús, ya están formulados con algún conservante autorizado e inocuo, como puede ser el potasio sórbico.
  • Tampoco debe darles la luz directa, ya que están formulados con aceites puros que pueden perder propiedades y enranciarse si reciben excesiva luz. En el caso de los aceites faciales, corporales o de masaje puros y biológicos, suelen venir en un envase de cristal opaco para evitar esto. Si los tuyos no vienen así (normalmente porque incluyen vitamina E para conservarse) es importantísimo que los guardes a oscuras.
  • Hay que asegurarse de cerrarlos bien cada vez que se utilizan.
  • No dejar pasar la fecha de caducidad fijada por el fabricante o, si no la tiene, el PAO. Para aquellos que no sepáis todavía que significan estas siglas, se refiere al Period After Opening”. Lo que viene a decirnos, el periodo de vida útil de un producto desde que se abre su envase por primera vez.

 

Los conservantes químicos prohibidos en cosmética natural y ecológica son:

  • Parabenos: methylparaben, ethylparaben, butylparaben, propylparaben…
  • Etanoles: Phenoxyethanol, 2-bromo-nitropropane-2, 3-Diol, Propanediol
  • Formaldehido y derivados : Formaldehide, Aldioxa, Alcloxa, Allantoin, DMDM Hydantoin, MDM Hydantoin, Diazolidinyl Urea, Imidazolidinyl Urea
  • Otros compuestos: Methylchloroisothiazolinone, Methyldibromo Glutarinitrile, Iodopropynyl Buthylcarbamate, Chloroxylenol, Chlorphenesin
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Toxicidad en desodorantes y antitranspirantes ¿Qué decides?

El movimiento healthy ha provocado que el gesto de girar un producto de cosmética y leer sus ingredientes sea hoy más habitual que nunca. Pero, ¿sabemos realmente qué significa lo que leemos?

Uno de los productos de higiene que más cuestionados están son los desodorantes o antitranspirantes. ¿Son realmente cancerígenos? Tras esta cuestión, surgen preguntas sobre los parabenos y las sales de aluminio, pero ¿qué son? En este post queremos aclarar algunos términos e informaciones que han surgido al respecto.

Aunque hoy no profundizaremos en ellos, lo primero que queremos destacar es que los parabenos y el aluminio no son los únicos ingredientes tóxicos que encontramos en los productos de belleza. Los Ftalatos, Triclosán, Fragancias, PEGs, etc. también son protagonistas de numerosos estudios por ser perjudiciales para la salud y se recomienda no abusar de productos que los contengan. 

Y con esta aclaración, nos centramos en los famosos parabenos y las sales de aluminio.

Los Parabenos son conservantes químicos de alto espectro muy utilizados en la cosmética convencional por su bajo coste y por ser muy estables. Al mismo tiempo, tanto la OCU como la prestigiosa Enviromental Working Group, señalaron los parabenos como disruptores endocrinos y, por tanto, los califica como tóxicos. Los disruptores endocrinos son sustancias que imitan el comportamiento de las hormonas femeninas interfiriendo en la vida y crecimiento de los tumores, por lo que la sociedad científica recomienda que el uso de estos determinados ingredientes no se realice de forma generalizada.  ¿Cómo detectarlos? Sólo tenemos que fijarnos en su terminación en -paraben, como el Propylparaben, Methylparaben, etc.

Por su parte, las sales de aluminio y sus derivados son compuestos de aluminio que se incluyen en los desodorantes para tapar las glándulas sudoríparas, reduciendo así la cantidad de sudor que segregan. Con esto, no se reduce la cantidad que el cuerpo produce, sólo la cantidad que segrega a través de sus folículos.

¿Cómo afecta el aluminio de los desodorantes a nuestra salud? Los estudios realizados al respecto han determinado que pueden aumentar la inestabilidad en los genes del tejido mamario y ésta podría estar relacionada con los cambios que promueven el crecimiento de tumores. Con ello, y aunque cueste creerlo, no debemos considerar al aluminio nuestro enemigo nº1 porque es un elemento ampliamente distribuido en la naturaleza y que forma parte de nuestra dieta en frutas y verduras, incluso el agua contiene trazas que no produce ningún efecto dañino en nuestra salud según la Organización Mundial de la Salud.

Entonces, ¿concluimos que los parabenos y el aluminio son sustancias cancerígenas? No hay que ser alarmista porque la propia sociedad científica está dividida. ¿Qué sabemos?

-Debemos aclarar que no estamos ante un debate actual fruto de una moda; de hecho, uno de los primeros estudios fue realizado por la doctora Philippa Darbre entre 1930 y 1940. En este estudio se demostró que el 30% de los cánceres de pecho se generaban en la zona de las axilas. Hoy ya es más del 60%.

-Además, también sabemos que estamos ante un debate que no deja de estudiarse. En 2002 se publicó un artículo del Instituto Nacional del Cáncer titulado “Antitranspirantes o desodorantes y el cáncer de seno” que no mostró un riesgo mayor de cáncer de pecho entre mujeres que usaban antitranspirantes o desodorantes. Un año después, en 2003, el mismo Instituto reportó los resultados de 437 supervivientes de cáncer de mama que usaba desodorantes y se afeitaban las axilas donde se pudo observar que las que llevaban haciendo esta acción de belleza durante más tiempo habían sido diagnosticadas de cáncer de mama a una edad más temprana que las que no. Sin embargo, esto no demuestra que fueran los causantes del cáncer.

– En 2004 en un estudio realizado por la Doctora Aliza y publicado en la revista Vida y Salud, se analizaron 20 muestras de tejidos cancerosos de la zona del seno y se encontraron parabenos en 18 de los 20.

-Por último, un estudio del Consejo de Consumidores Danés THINK Chemical demostró que 3 de cada 5 desodorantes, de entre los 115 analizados, contenían sustancias alérgicas o contaminantes hormonales, incluso una sustancia prohibida en Europa. La buena noticia es que 1 de cada 5 desodorantes estaban libres de tóxicos. ¡No todo iba a ser malo!

Sabiendo toda esta información, es incuestionable que estamos ante dos ingredientes tóxicos que nuestro cuerpo no es capaz de eliminar y se almacena en nuestro organismo. A partir de aquí es una decisión personal el continuar utilizando productos con este tipo de ingredientes o elegir otras alternativas igual de efectivas, pero 100% saludables, naturales y libres de tóxicos.